Funcionarios de la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos propusieron a principios de año una serie de ataques militares en México, incluyendo asesinatos selectivos de líderes de cárteles y ataques a su infraestructura. Esta revelación, reportada por The Washington Post, expone una profunda tensión en la estrategia de seguridad bilateral y un cambio radical en la postura de agencias estadounidenses, que alarmó a funcionarios de la Casa Blanca y el Pentágono. La propuesta de la DEA surgió después de que la administración de Donald Trump designara como organizaciones terroristas extranjeras a grupos como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Según las fuentes, los funcionarios de la DEA argumentaron que esta designación les confería la autoridad para realizar acciones militares directas, haciendo “analogías con los ataques terroristas”.
Sin embargo, la propuesta carecía de un marco legal sólido y fue recibida con escepticismo en otras áreas del gobierno estadounidense. Funcionarios del Pentágono y la Casa Blanca señalaron que no existía una autorización del Congreso para el uso de la fuerza militar contra cárteles en México y advirtieron sobre el riesgo de que ciudadanos estadounidenses resultaran muertos en el proceso. La discusión refleja un debate interno en Washington, donde algunos republicanos en el Congreso analizan legislación para autorizar explícitamente al presidente a atacar a los cárteles.
Desde México, la respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum ha sido consistente en “instar a Estados Unidos a colaborar con su gobierno y respetar su soberanía”.
En resumenLa propuesta de la DEA de realizar ataques militares en México, aunque no se materializó, revela una peligrosa inclinación hacia la intervención unilateral por parte de agencias de seguridad de EE. UU. Este hecho subraya una divergencia fundamental en el enfoque de la lucha antinarcóticos y pone de relieve la constante tensión entre la cooperación bilateral y el respeto a la soberanía mexicana.