La dirigencia nacional de Morena confirmó la expulsión definitiva de Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad de Tabasco durante el gobierno de Adán Augusto López. La medida se produce tras ser señalado como presunto líder del grupo criminal “La Barredora”, lo que evidencia las tensiones internas del partido para gestionar escándalos de corrupción y nexos con el crimen organizado. Luisa María Alcalde, presidenta de Morena, confirmó la expulsión “por obvias razones”, una decisión tomada por la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del partido el 2 de octubre. Bermúdez Requena, quien se afilió a Morena en 2023, enfrenta una orden de aprehensión y una ficha roja de la Interpol. La Fiscalía General de la República (FGR) ha declarado que tiene “vínculos muy claros con la delincuencia organizada”. La dirigencia de Morena ha intentado distanciarse del escándalo, comparándolo favorablemente con el caso de Genaro García Luna al argumentar que, a diferencia del PAN, Morena fue quien “señaló e inició las investigaciones”.
Alcalde afirmó: “No somos lo mismo: aquí no hay impunidad, ni complicidades”.
Sin embargo, la expulsión ha puesto los reflectores sobre el senador Adán Augusto López, bajo cuyo mandato Bermúdez fungió como secretario.
Cuestionada sobre una posible investigación contra López Hernández, Alcalde aclaró que “hasta la fecha yo no conozco de alguna queja que se haya presentado en la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia en contra del senador” y que no hay una investigación abierta en su contra por este caso. Esta situación pone a prueba la coherencia del discurso anticorrupción de Morena y su capacidad para sancionar a figuras de alto nivel.
En resumenLa expulsión de Hernán Bermúdez es el intento de Morena por controlar la narrativa sobre la corrupción y el crimen organizado en sus filas. Si bien el partido actúa contra un exfuncionario estatal, la falta de investigación sobre su superior, el senador Adán Augusto López, genera dudas sobre el alcance e imparcialidad de su justicia interna, destacando los desafíos políticos de aplicar su discurso anticorrupción a sus propios líderes de alto nivel.