La política exterior de la presidenta Claudia Sheinbaum mostró una marcada selectividad ideológica en sus reacciones a eventos clave en Latinoamérica. Mientras guardó un notable silencio ante el Premio Nobel de la Paz otorgado a la opositora venezolana María Corina Machado, condenó enérgicamente la destitución de Pedro Castillo en Perú, calificándola de “golpe de Estado”. En su conferencia matutina, al ser cuestionada en repetidas ocasiones sobre el galardón a Machado, la presidenta se limitó a responder “Sin comentarios” y a evocar los principios de “soberanía y la autodeterminación de los pueblos”. Esta postura contrasta con la de políticos de oposición como Alejandro Moreno (PRI) y Lilly Téllez (PAN), quienes felicitaron a Machado, describiendo el premio como un “reconocimiento a todo un movimiento que lucha sin descanso por liberar a Venezuela de la narcodictadura”.
En cambio, sobre la situación en Perú, Sheinbaum fue explícita en su apoyo a Pedro Castillo, pidiendo “que se libere a Castillo y que tenga un juicio justo”.
Atribuyó su destitución a factores de “racismo y un clasismo muy grande”. Analistas y medios de comunicación han interpretado este contraste como un “doble rasero” en la aplicación de la Doctrina Estrada, el principio histórico de no intervención de México. La crítica sugiere que el gobierno mexicano interviene discursivamente en países donde simpatiza con ciertos actores políticos (como Castillo), pero apela a la no intervención para evitar posicionarse en casos contrarios a sus afinidades ideológicas, como el de Machado frente al régimen de Nicolás Maduro. Esta práctica, señalan los especialistas, “debilita la coherencia y credibilidad de la política exterior mexicana”.
En resumenLas reacciones divergentes de la administración Sheinbaum ante los acontecimientos en Venezuela y Perú evidencian una política exterior guiada más por afinidad ideológica que por principios consistentes. El silencio sobre el Nobel de Machado, yuxtapuesto a la enérgica defensa de Castillo, revela una aplicación selectiva de la Doctrina Estrada, lo que podría mermar la credibilidad de México como actor neutral y señalar una clara alineación con ciertos bloques políticos en América Latina.