Una profunda reforma a la Ley de Amparo, impulsada por el Ejecutivo y discutida en el Congreso, ha generado un intenso debate nacional sobre el equilibrio de poderes. La modificación amenaza con redefinir la capacidad de los ciudadanos y las empresas para defenderse de actos de autoridad, representando para muchos un retroceso democrático. Expertos y organizaciones empresariales han alertado sobre los riesgos de la reforma. La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) advierten que la iniciativa pone en riesgo la certeza jurídica, la inversión y el empleo, especialmente para las MiPyMEs, al limitar las formas de garantizar créditos fiscales. Un punto central de la controversia es la restricción al concepto de “interés legítimo”, que según juristas como Arturo Guerrero Zazueta, representa un retroceso respecto a la reforma de derechos humanos de 2013 y podría limitar el acceso a la justicia para organizaciones de la sociedad civil.
“Estamos procurando arreglar lo que no está roto”, sentenció.
La reforma también ha sido criticada por su potencial para desarmar a los ciudadanos frente al poder, al dificultar la suspensión de actos de autoridad. El gobierno defiende la medida argumentando que busca evitar que intereses particulares bloqueen proyectos de alcance nacional y combatir el abuso del amparo por parte de grandes deudores fiscales. Un episodio notable fue la inclusión de un artículo transitorio que permitía la retroactividad de la norma, propuesto en el Senado por el morenista Manuel Huerta. Esta disposición fue calificada de inconstitucional y, tras la sugerencia de Arturo Zaldívar, el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, aseguró que se corregiría, calificándola como una “ocurrencia”. A pesar de los foros y audiencias públicas, la oposición y especialistas consideran que el proceso ha sido un “fast track” y una simulación, debilitando uno de los principales contrapesos al poder en México.
En resumenLa reforma a la Ley de Amparo representa un punto de inflexión en el sistema jurídico mexicano, debilitando un mecanismo clave de defensa ciudadana. Aunque el gobierno la justifica como una medida para agilizar proyectos y combatir abusos, expertos y empresarios advierten sobre un grave retroceso en derechos humanos, un riesgo para la certeza jurídica y un desequilibrio en favor del poder estatal.