La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum ante las devastadoras lluvias que afectaron a cinco estados ha marcado un notable contraste con el estilo de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador. Al recorrer personalmente las zonas de desastre en Puebla y Veracruz, Sheinbaum enfrentó directamente el descontento ciudadano, recibiendo reclamos por la falta de apoyo y la desaparición de personas. En Poza Rica, Veracruz, fue increpada por damnificados que gritaban: “¡No sirves para nada, ni la Gobernadora!”. Un joven estudiante la confrontó por la desaparición de sus compañeros, a lo que la presidenta respondió: “No se va a ocultar nada”. A pesar de la tensión, que la llevó a amagar con retirarse, su presencia física en el lugar de la tragedia fue un cambio significativo. A diferencia de AMLO, quien tras el huracán Otis evitó visitar colonias en Acapulco alegando riesgo de “emboscadas”, Sheinbaum decidió afrontar el enojo popular.
En Huauchinango, Puebla, incluso reprendió públicamente al alcalde morenista Rogelio López Angulo por la falta de atención, declarando: “Usted me dice que sí trabajan, pero la gente me dice que no, y la verdad yo prefiero creerle a la gente”. Esta actitud proactiva y de confrontación con sus propios funcionarios define un liderazgo más ejecutivo y menos mediado por la narrativa de la conferencia matutina.
La presidenta ha coordinado personalmente el Comité Nacional de Emergencias, anunciando censos casa por casa y asegurando que “hay suficientes recursos” y que “no vamos a dejar a nadie desamparado”. Este manejo de crisis, aunque difícil, perfila un estilo de gobierno que busca mostrar empatía y acción directa, asumiendo los costos políticos de enfrentar el descontento cara a cara.
En resumenLa gestión de Claudia Sheinbaum frente a las inundaciones revela un estilo de liderazgo de mayor presencia territorial y confrontación directa, distanciándose de su antecesor. Al visitar las zonas afectadas y encarar los reclamos ciudadanos, la presidenta busca proyectar una imagen de cercanía y eficacia, aunque esto implique exponerse a la crítica y la ira popular.