La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha confirmado que se someterá a la consulta de revocación de mandato, un mecanismo de democracia directa que permite a la ciudadanía decidir sobre la continuidad de su gobierno. Esta declaración surge en un contexto de tensión política, tras las consignas que exigían su salida durante la marcha de la “Generación Z”. Sheinbaum enmarcó su decisión como un acto de congruencia con los principios de su movimiento político, afirmando que la revocación de mandato “es una consigna nuestra”, impulsada originalmente por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. “Claro que me voy a sujetar a la revocación de mandato porque eso dice la Constitución.
Nunca vamos a ser una carga para el pueblo”, expresó la mandataria. Con esta postura, busca apropiarse de la narrativa y presentar el ejercicio no como una concesión a la oposición, sino como un compromiso inherente a la Cuarta Transformación. Al mismo tiempo, criticó que la oposición ahora enarbole esta demanda: “¡Imagínense! Ahora resulta que la trae la oposición como si hubiera sido demanda de ellos.
No, es una decisión nuestra”.
La discusión sobre este mecanismo se intensifica con la propuesta de Morena en la Cámara de Diputados para adelantar la consulta y hacerla coincidir con las elecciones intermedias de 2027, una medida que la oposición denuncia como una estrategia para que la imagen de la presidenta influya en la boleta y beneficie a los candidatos de su partido. Sheinbaum anticipó que 2027 será un año “movidito” debido a la renovación de gubernaturas y el Congreso, y concluyó: “¡Que diga el pueblo lo que quiere!”.
En resumenAl confirmar su participación en la revocación de mandato, la presidenta Sheinbaum busca reafirmar su legitimidad y enmarcar el ejercicio como una iniciativa propia de su movimiento. Sin embargo, la propuesta de adelantar la consulta a 2027 la posiciona en el centro de una estrategia electoral que la oposición considera inequitativa, agudizando la disputa por las reglas del poder.