Una masiva jornada de bloqueos carreteros por parte de agricultores y transportistas paralizó múltiples estados del país, evidenciando un profundo descontento con las políticas gubernamentales en materia hídrica y de seguridad. Esta movilización nacional representa uno de los mayores desafíos sociales para la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. Las protestas, convocadas por organizaciones como la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC), el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) y el Movimiento Agrícola Campesino (MAC), se extendieron por al menos 20 entidades, incluyendo Chihuahua, Tamaulipas, Estado de México y Veracruz, afectando vías cruciales como la México-Querétaro y la México-Pachuca. Las demandas son duales pero convergentes: los transportistas exigen un alto a la inseguridad, los robos y las extorsiones en las carreteras, denunciando hasta 70 robos diarios y abusos por parte de policías estatales. Por su parte, los agricultores rechazan la nueva iniciativa de Ley de Aguas, la cual, según argumentan, centraliza el control del recurso, elimina la transmisibilidad de las concesiones y amenaza su patrimonio. Además, reclaman precios de garantía justos para sus cosechas, como el maíz y el frijol.
La respuesta del gobierno ha sido insistir en la existencia de canales de diálogo. La presidenta Sheinbaum afirmó que “se les ha atendido, ha habido mesas de trabajo.
Entonces no es que están bloqueando porque no haya diálogo, hay diálogo”.
La Secretaría de Gobernación (Segob) convocó a una mesa de trabajo para el mismo día de los bloqueos. Sin embargo, los líderes de las movilizaciones, como Álvaro Martínez de ANTAC, sostienen que el diálogo ha sido insuficiente: “Hemos tenido mesas de negociación, pero no se hace absolutamente nada”. Esta desconexión entre la narrativa oficial y la percepción de los manifestantes subraya una creciente tensión social que pone a prueba la capacidad de negociación del gobierno federal frente a sectores productivos que se sienten abandonados y amenazados tanto por la delincuencia como por las reformas estructurales.
En resumenLa masiva protesta de agricultores y transportistas refleja una profunda crisis de confianza hacia el gobierno federal. Mientras la administración de Claudia Sheinbaum insiste en que existen mesas de diálogo, los manifestantes denuncian la falta de resultados concretos en seguridad y política agraria, escalando el conflicto a un desafío nacional.