La política exterior mexicana se encuentra en un punto de tensión, con una amenaza de Perú de irrumpir en la embajada en Lima y una retórica de defensa de la soberanía por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum frente a posibles injerencias de Estados Unidos. Estos eventos marcan una fase de reafirmación de los principios de no intervención en la diplomacia de la 4T. La crisis con Perú escaló después de que México otorgara asilo político a la exprimera ministra peruana Betssy Chávez. El presidente interino de Perú, José Jerí, amenazó con una acción sin precedentes: “si se tiene que ingresar a la Embajada mexicana, se hará”. La presidenta Sheinbaum respondió con firmeza, advirtiendo que tal acto constituiría “una violación a la soberanía” y a las normas internacionales, evocando el reciente asalto de Ecuador a la embajada mexicana en Quito. Paralelamente, Sheinbaum ha mantenido un discurso enérgico en defensa de la soberanía nacional frente a Estados Unidos. Durante la conmemoración del Bicentenario de la Consolidación de la Independencia en la Mar, declaró que “el pueblo de México debe estar alerta para defender la justicia y cualquier intento de injerencia externa apoyada, sí, por los conservadores”.
Esta postura es una respuesta a las declaraciones del presidente Donald Trump sobre su disposición a actuar contra los cárteles en territorio mexicano.
En este contexto de tensiones, México también busca fortalecer sus alianzas regionales, como lo demuestra la visita de Estado de la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, para “hermandar todavía más la buena relación”.
En resumenLa administración de Claudia Sheinbaum enfrenta desafíos diplomáticos significativos, respondiendo con una enérgica defensa de la soberanía nacional. Mientras la tensión con Perú pone a prueba el derecho de asilo, el gobierno mexicano busca consolidar su postura de no intervención y fortalecer alianzas estratégicas en América Latina, en un claro contrapeso a las presiones externas.