El alcalde de Celaya, Juan Miguel Ramírez Sánchez, reconoció públicamente haber sido llevado bajo engaños a una reunión con miembros de un grupo del crimen organizado antes de asumir el cargo. La revelación expone la extrema vulnerabilidad y las presiones que enfrentan las autoridades locales en uno de los municipios más violentos de México. Ramírez Sánchez, quien asumió la candidatura de Morena tras el asesinato de su predecesora, Gisela Gaytán, relató que fue invitado a un café con supuestos empresarios, pero fue redirigido y subido a una camioneta que lo llevó a un encuentro con criminales. “Nos pidieron lo que piden, ¿verdad?
Dinero, posiciones en el Gabinete, etc.”, declaró el edil.
Afirmó haberse negado rotundamente a las exigencias, lo que elevó la tensión a un punto crítico. “Llegó un momento que estuvo muy difícil la situación, y la persona que me llevó, pues, decidió que en otro momento nos reuniéramos”, narró.
Al salir, su acompañante le confesó la gravedad del riesgo: “Oye, te pusiste bien loco, nos iban a matar”.
El alcalde ha sido enfático en que nunca ha pactado con la delincuencia y que prefiere sacar a su familia de la ciudad antes que ceder. De hecho, confirmó que su hija renunció a un cargo en el municipio de Tarimoro por incidentes de seguridad. La confesión de Ramírez Sánchez no solo ilustra la influencia del Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL) y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en la región, sino que también pone de relieve la delgada línea entre la gobernabilidad y la cooptación criminal, en un contexto donde su antecesora fue asesinada en su primer día de campaña.
En resumenLa confesión del alcalde de Celaya, Juan Miguel Ramírez Sánchez, sobre su reunión forzada con criminales que le exigieron dinero y cargos, subraya la profunda infiltración del crimen organizado en el poder político local. Su negativa a pactar, en el contexto del asesinato de su predecesora, evidencia la extrema presión y el riesgo mortal que enfrentan los funcionarios en las zonas más violentas del país.