La oposición calificó la maniobra como una imposición del Ejecutivo.

El senador priista Manuel Añorve criticó: “Esto no es una renuncia.

Es una instrucción, un manotazo, un sello de un Gobierno como Morena”.

Los partidos opositores argumentaron que aceptar una embajada no constituye la “causa grave” que la ley estipula para justificar la dimisión. Por su parte, la presidenta Sheinbaum confirmó haberle ofrecido el puesto diplomático, propuesta que Gertz aceptó para, según su carta de renuncia, “continuar sirviendo a mi país, en una nueva tarea que me honra y que agradezco”. La gestión de Gertz estuvo envuelta en polémicas, fracasos judiciales en casos de alto perfil y desencuentros con la administración de Sheinbaum. Su salida fue celebrada por algunos, como el exconsejero jurídico Julio Scherer Ibarra, quien la describió como el fin de un “capítulo oscuro” en el que la fiscalía se usó como “herramienta de intimidación”. Este relevo es visto como una estrategia para alinear la FGR con los intereses del gobierno actual, abriendo paso a una figura de mayor confianza para la presidencia.