El evento fue visto como una respuesta directa a estas movilizaciones y una reafirmación del poder de convocatoria del oficialismo. La logística del acto, que incluyó el traslado de miles de personas en autobuses desde diversos estados y la participación visible de grandes corporaciones sindicales como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la CATEM, generó críticas por el uso de prácticas de “acarreo” reminiscentes del antiguo régimen priista. En su discurso, Sheinbaum también lanzó una advertencia a los miembros de su movimiento, enfatizando la necesidad de gobernar con austeridad y “justa medianía”, al declarar que “no puede haber justificación moral, ética ni política para que quienes servimos al pueblo vivamos rodeados de lujos o privilegios”. Un aspecto notable fue la reconfiguración de las jerarquías internas: figuras clave como Adán Augusto López y Andrés Manuel López Beltrán, quienes habían sido relegados en eventos anteriores, ocuparon lugares prominentes, en un gesto que fue interpretado como una reconciliación o “levantamiento del castigo” por parte de la presidenta para alinear a las facciones de Morena.