La explosión de un vehículo en Coahuayana, Michoacán, que dejó un saldo de cinco muertos, fue descartada como un acto de terrorismo por el gobierno federal, que la atribuyó a una confrontación entre grupos del crimen organizado. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, afirmó que el incidente “no fue un coche bomba abandonado” sino que dos personas, presuntos kamikazes, viajaban en el vehículo y lo activaron, lo que apunta a una pugna interna y no a un ataque con objetivos políticos o ideológicos. Esta aclaración es políticamente significativa, ya que se produce después de que la Fiscalía General de la República (FGR) iniciara una carpeta de investigación por terrorismo, para después reclasificar el delito como delincuencia organizada. La presidenta Claudia Sheinbaum solicitó a la FGR explicar este cambio, reconociendo la sensibilidad del término.
García Harfuch explicó que, según la legislación mexicana e internacional, el terrorismo busca “imponer objetivos políticos, ideológicos, religiosos o sociales”, lo que no ocurrió en este caso.
En cambio, se trató de “actos criminales para ampliar sus actividades”, como el control territorial y el tráfico de drogas. El secretario identificó a las organizaciones involucradas como células afines al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel de Tepalcatepec y Cárteles Unidos.
La presidenta Sheinbaum también negó que fuera un ataque directo contra su gobierno, enmarcando el suceso en “la situación de los grupos delictivos que hay ahí”. El incidente pone a prueba el “Plan Michoacán por la Paz y la Justicia”, implementado recientemente, y ha sido calificado por la oposición, como el priista Memo Valencia, como un “ataque terrorista” que requiere ayuda urgente para la región.
En resumenEl gobierno de México ha manejado la explosión en Michoacán como un asunto de delincuencia organizada, distanciándose de la clasificación de terrorismo para controlar la narrativa de seguridad nacional. Esta postura busca evitar las implicaciones políticas y diplomáticas del término, aunque evidencia la escalada de violencia y las tácticas utilizadas por los cárteles en su disputa por el control territorial.