Está despierto”.

El apoyo de una figura política de su talla, aunque controvertida, otorga una nueva dimensión al movimiento, vinculándolo con la oposición tradicional y generando un debate sobre la autenticidad y los intereses detrás de la protesta. Los organizadores de la marcha insisten en su carácter apartidista, buscando distanciarse de figuras como Fox, mientras que el gobierno y sus simpatizantes la descalifican como una operación financiada por la oposición.

Este fenómeno refleja una reconfiguración de las fuerzas opositoras, donde nuevos actores juveniles y figuras políticas del pasado intentan capitalizar el descontento social.