Omar García Harfuch se ha consolidado como la figura central de la estrategia de seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum, liderando una ofensiva más agresiva contra los cárteles y fortaleciendo la cooperación con Estados Unidos. Su rol como principal interlocutor en materia de seguridad ha sido destacado por medios internacionales, marcando un cambio de paradigma en la estructura de poder de la seguridad nacional mexicana. Un perfil publicado por The New York Times lo describe como el “rostro de la campaña más agresiva de México contra los cárteles en más de una década” y el “líder indiscutible de la estrategia de seguridad en México, no los mandos militares”, según analistas citados. Bajo su dirección, el gobierno afirma haber incrementado las detenciones por delitos violentos a casi 39,000, la incautación de 20,000 armas y la destrucción de 1,760 laboratorios de drogas en los primeros 14 meses, cifras considerablemente superiores a las del gobierno anterior.
Esta estrategia, que consiste en golpear las estructuras criminales “abajo, en medio, arriba.
Todo”, ha ayudado a “apaciguar a Washington”, aumentando el intercambio de inteligencia. García Harfuch también ha sido clave en el fortalecimiento del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), al que calificó como un “componente clave de la Estrategia Nacional de Seguridad”. La reciente publicación del Programa Sectorial de Seguridad y Protección Ciudadana 2025-2030 formaliza su liderazgo, otorgándole la implementación y operación del modelo de seguridad del sexenio. A pesar de los avances en la reducción de homicidios, el propio secretario reconoce que la percepción de inseguridad sigue siendo un reto, mientras que delitos como la extorsión y las desapariciones han aumentado.
En resumenOmar García Harfuch ha emergido como el artífice y operador principal de la política de seguridad de la administración Sheinbaum, centralizando el poder y redefiniendo la cooperación con Estados Unidos. Su enfoque, más confrontacional y basado en la inteligencia, representa un cambio significativo respecto a la estrategia de “abrazos, no balazos”, consolidando una nueva dinámica de poder en el combate al crimen organizado en México.