La detención del periodista Rafael León Segovia en Coatzacoalos, Veracruz, y su posterior imputación por el delito de terrorismo, ha generado una inusual intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien cuestionó públicamente la medida. Este caso ha evidenciado una fisura entre el gobierno federal y la administración estatal de Rocío Nahle, además de activar las alarmas de organizaciones defensoras de la libertad de expresión. La presidenta Sheinbaum declaró en su conferencia matutina: “No sé por qué la fiscalía usa el delito de terrorismo y en su caso tendría que explicarlo la fiscalía de Veracruz porque no ha habido una acusación por terrorismo en México.
Yo creo que nunca”.
Enfatizó que se debe “garantizar la libertad de expresión por encima de todo” y que, si el periodista cometió algún delito, este debe ser aclarado y no estar relacionado con su labor informativa. Tras la declaración presidencial, la gobernadora Rocío Nahle cambió su postura inicial de respaldo a la fiscalía y se alineó con Sheinbaum, afirmando que “no hay terrorismo en México” y que se debe revisar el código penal estatal. La detención de León Segovia, reportero de nota roja, se basó supuestamente en la declaración de un “testigo protegido”. Organizaciones como Artículo 19 condenaron el uso del sistema penal contra periodistas, advirtiendo sobre un “efecto inhibidor” en un estado considerado de alto riesgo para la prensa. La situación jurídica del comunicador se definirá en una audiencia de vinculación a proceso este 30 de diciembre.
En resumenLa intervención directa de la Presidencia en el caso del periodista Rafael León obligó a la gobernadora de Veracruz a rectificar, evidenciando una dinámica de poder donde el gobierno federal impone su criterio en temas sensibles de derechos humanos. El suceso subraya la vulnerabilidad de la prensa y el uso desproporcionado de figuras penales contra comunicadores a nivel estatal.