Cinco meses después del incidente, Cabot concedió una entrevista a The New York Times, en la que calificó lo sucedido como un “error” y afirmó que esa fue la “primera y única vez” que se besaron.

Su testimonio pone de relieve el lado humano de una historia que, para muchos, fue solo entretenimiento viral.

El caso se ha convertido en una advertencia sobre la velocidad con la que un momento privado puede transformarse en un espectáculo público, con repercusiones profesionales y personales devastadoras, cuestionando los límites entre la vida pública, la ética corporativa y el derecho a la privacidad en un mundo hiperconectado.