La discusión escaló al punto de cuestionar si un visitante común habría recibido el mismo trato, acusando al museo de “hipocresía” y trato preferencial. Ante la polémica, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) emitió un comunicado oficial aclarando que el personal de custodia del museo intervino de inmediato. Según el INAH, “cuando el artista colocó la mano sobre la estela, personal de custodia del museo reiteró que no se podían tocar las piezas, a lo cual el músico la retiró”. La institución enfatizó que el contacto físico con bienes arqueológicos está estrictamente prohibido para preservar el patrimonio, y que esta regla aplica a todos los visitantes sin excepción. Aunque no se reportaron daños a la pieza ni se anunciaron sanciones, el suceso abrió una conversación necesaria sobre la responsabilidad en la interacción con el patrimonio cultural.