Lo que empezó como una mofa se convirtió en un motor turístico inesperado para Borja. El municipio, que antes recibía unos 5,000 visitantes anuales, pasó a registrar más de 40,000 en 2013, y se espera que para 2026 se superen los 300,000 visitantes acumulados.

Los ingresos generados por las entradas y la venta de mercancía se destinaron a fines benéficos, incluyendo la residencia de ancianos donde Giménez pasó sus últimos años. El alcalde de Borja, Eduardo Arilla, la recordó como una mujer de “bondad inmensa” que, sin proponérselo, “puso al pueblo en el mapa turístico mundial”.

Su historia inspiró documentales, disfraces e incluso una ópera, consolidando su legado como un inesperado ícono cultural.