Conocido por sus extensos planos secuencia, su riguroso blanco y negro y atmósferas densas, Tarr construyó un lenguaje audiovisual único que le valió el apodo de “el Tarkovski húngaro”.
Su obra, aunque limitada a once largometrajes, dejó una huella profunda en cineastas como Gus Van Sant y Martin Scorsese.
Entre sus filmes más aclamados se encuentra "Sátántangó" (1994), una épica de más de siete horas sobre el colapso del comunismo, considerada su obra maestra. Gran parte de su trabajo más significativo surgió de su estrecha colaboración con el escritor y premio Nobel de Literatura, László Krasznahorkai, con quien adaptó novelas como "La melancolía de la resistencia" en "Las armonías de Werckmeister" (2000). A pesar del reconocimiento crítico, Tarr mantenía una postura humilde ante los halagos, como lo expresó en 2023 al recibir un premio honorífico de la Academia de Cine Europeo: "Solamente soy un ser humano". Tras su retiro del cine en 2011 con "El caballo de Turín", se dedicó a la formación de nuevas generaciones de cineastas, fundando la escuela film.factory en Sarajevo. Su partida ha sido lamentada por figuras como el alcalde de Budapest, quien lo describió como “el hombre más libre que he conocido”, destacando su compromiso con la dignidad humana.













