La reapertura de un salón de belleza en el Senado genera controversia y peticiones de transparencia



La existencia de un salón de belleza en el segundo piso del Senado de la República, que había sido cerrado en 2018 por medidas de austeridad, ha generado una controversia. El espacio, que según reportes operaba desde hace un año para peinar y maquillar a legisladoras, fue clausurado temporalmente con sellos por personal de Resguardo Parlamentario poco después de que su existencia se hiciera pública, aunque estos fueron retirados horas más tarde. La presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, defendió la instalación, calificándola como "nada fuera de lo normal" y un apoyo para que las y los senadores estén "bien presentados".
Aseguró que los servicios no se pagan con recursos públicos, sino que cada legislador cubre sus propios gastos.
Esta versión fue cuestionada por la difusión de órdenes de pedido que documentan la compra de cosméticos por casi 200 mil pesos a nombre del Senado. Castillo también argumentó que muchas legisladoras viajan desde sus estados y llegan directo a las sesiones, y que un espacio similar existe en la Cámara de Diputados.
En respuesta, la senadora del PAN, Lilly Téllez, presentó una solicitud formal por escrito a la Mesa Directiva exigiendo un informe detallado sobre la operación del salón. El documento incluye 21 preguntas específicas sobre quién autorizó su instalación, el fundamento jurídico, si hubo licitación, los costos de adecuación, el origen de los insumos, la nómina del personal y la lista de usuarios. Téllez subrayó que la opacidad en el uso de espacios públicos es inaceptable y cuestionó la congruencia de este servicio con el discurso de austeridad.
La polémica también incluyó acusaciones y defensas.
Legisladores de Morena señalaron a su compañera de bancada, Andrea Chávez, como la responsable de habilitar el salón, lo que ella negó rotundamente. Por su parte, la senadora morenista Beatriz Mojica calificó las críticas como misóginas, comparando el servicio con el de los boleros que trabajan en el Senado desde hace años y que atienden mayoritariamente a hombres.
Mientras tanto, el estatus del salón permanece incierto, pues aunque los sellos fueron retirados, la puerta se mantiene bajo llave.













