Sistemas de defensa aérea rusos en Venezuela fallaron durante una operación estadounidense para capturar a Nicolás Maduro



El arsenal de defensa aérea de Venezuela, que incluye los avanzados sistemas rusos S-300 y Buk-M2, demostró ser ineficaz durante la “Operación Absolute Resolve” del Pentágono, lanzada para secuestrar al presidente Nicolás Maduro. Según funcionarios estadounidenses, los sistemas ni siquiera estaban conectados al radar, lo que dejó el espacio aéreo del país sudamericano completamente vulnerable al ataque.
La principal causa del fracaso parece ser la incompetencia del ejército venezolano, agravada por años de corrupción, mala logística y sanciones.
Un análisis de The New York Times, basado en imágenes satelitales, fotos y videos, reveló que algunos componentes de los sistemas de misiles Buk estaban almacenados en lugar de desplegados y operativos. El analista militar Yaser Trujillo señaló que las tropas no estaban dispersas y los radares de detección no estaban activados, lo que facilitó la operación estadounidense.
Además, los radares de fabricación china fueron destruidos al inicio del ataque, dejando a las defensas rusas aún más indefensas.
Rusia también comparte la responsabilidad del fallo.
Expertos y funcionarios señalan que los técnicos rusos deberían haber asegurado la operatividad de los sistemas. Se sugiere que la guerra en Ucrania pudo haber limitado la capacidad de Moscú para dar mantenimiento al equipo en Venezuela. Incluso, exfuncionarios estadounidenses plantearon la posibilidad de que Rusia permitiera deliberadamente el deterioro del arsenal para evitar un conflicto mayor con Washington. La alianza entre ambas naciones no era tan sólida como se proyectaba; el canciller ruso, Sergey V. Lavrov, aclaró que la asociación con Venezuela no es comparable a la que tienen con Bielorrusia.
Este evento representa un duro golpe para el prestigio e influencia de Rusia en América Latina, que es ahora visto como un “tigre de papel”, según el exdiplomático estadounidense Brian Naranjo. La destitución de Maduro y la nueva asociación de Venezuela con Estados Unidos reafirman el dominio de Washington en la región, que presiona por la expulsión de asesores extranjeros de Rusia, Cuba, Irán y China.













