La presidenta Claudia Sheinbaum critica a la prensa por la cobertura de la tragedia del Tren Interoceánico



Tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, la presidenta Claudia Sheinbaum arremetió contra los medios de comunicación independientes. Criticó duramente al periódico El Universal por publicar fotografías de las víctimas fatales, calificándolo de “falta de pudor periodístico” e “inhumano” por no haber consultado a los familiares.
Asimismo, descalificó con ironía al diario Reforma por investigar posibles fallas en las vías del tren, sugiriendo que ahora eran “especialistas en vías”.
La mandataria contrastó la labor de la prensa con la “generosidad” de los familiares que agradecieron al gobierno, postura que, según ella, es la correcta. Los artículos defienden la labor periodística argumentando que dar rostro e identidad a las víctimas no es morbo, sino un acto de memoria que las humaniza y evita que se conviertan en una simple estadística. Esta práctica, señalan, es fundamental para la rendición de cuentas y la comprensión de la magnitud de una tragedia, citando ejemplos históricos como las imágenes del Holocausto o la fotografía de la niña Phan Thi Kim Phúc durante la guerra de Vietnam. Del mismo modo, se defiende que la responsabilidad de un reportero no es ser un experto técnico, sino consultar a quienes sí lo son para informar al público, y que limitar la información a comunicados oficiales es inaceptable en una sociedad libre. Esta postura del gobierno actual se presenta como una continuación de la de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien también criticó a medios como Reforma y Proceso, acusándolos de no “portarse bien” y afirmando que los buenos periodistas debían apostar por las transformaciones del país. Los columnistas sostienen que tanto Sheinbaum como López Obrador, quienes en su momento se beneficiaron del periodismo crítico cuando eran oposición, ahora buscan una prensa que apoye a su gobierno y silencie las voces disidentes.
Las críticas de la presidenta se enmarcan en un contexto más amplio de presión sobre la prensa en México, donde se observa un patrón de intimidación y judicialización contra periodistas. Se mencionan casos como el de Rafael León Segovia en Veracruz, entre otros, como ejemplos de un clima que busca limitar el escrutinio público y enviar el mensaje de que investigar al poder tiene un costo. La discusión de fondo, concluyen, es la pretensión del gobierno de dictar qué se puede investigar, quién puede hacerlo y cómo debe hacerse, lo cual representa un riesgo para la democracia.















