Donald Trump enfrenta obstáculos en su plan para controlar el petróleo de Venezuela



El plan del presidente Donald Trump para alcanzar el “dominio energético” de Estados Unidos a través del control del petróleo de Venezuela se ha topado con una compleja realidad. La estrategia, que siguió a la captura del líder venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero, busca ampliar el poder estadounidense a nivel global, reducir la influencia de los productores de Medio Oriente y aumentar la dependencia de naciones como China. Sin embargo, la iniciativa enfrenta una notable reticencia por parte de las principales compañías petroleras estadounidenses. En una reunión en la Casa Blanca, el director ejecutivo de Exxon Mobil calificó la inversión en Venezuela como “inviable” y no se comprometió a realizar grandes gastos, lo que provocó el descontento de Trump. Las empresas como Exxon y ConocoPhillips, a las que el chavismo les debe miles de millones de dólares por expropiaciones pasadas, dudan en invertir los miles de millones necesarios para modernizar la deteriorada infraestructura petrolera venezolana, un proceso que podría llevar años. A diferencia de Rusia o Arabia Saudita, Estados Unidos no cuenta con una petrolera nacional que pueda seguir las directrices del gobierno.
El contexto económico global complica aún más los planes.
Con un mercado petrolero con exceso de oferta y precios bajos, cercanos a los 56 dólares por barril, la viabilidad financiera de nuevas perforaciones es cuestionable. Analistas estiman que las empresas necesitarían un precio de hasta 80 dólares por barril para ser rentables, lo que contradice el objetivo de Trump de bajar los precios de la gasolina para los consumidores estadounidenses. Además, el país es menos vulnerable a las crisis petroleras que en décadas pasadas, como el embargo de 1973.
La movida de Trump también ha generado reacciones internacionales.
Rusia ha afirmado, a través de su empresa estatal Roszarubezhneft, que sus activos petroleros en Venezuela son propiedad del Estado ruso y que continuará con sus operaciones. Por su parte, en China existe la preocupación de que el control estadounidense sobre el crudo venezolano le permita a Washington cortar el suministro a Pekín a voluntad, lo que limita la influencia china en América Latina.












