Un nuevo estudio sugiere que el interior de la luna Titán es viscoso y no un océano líquido



Titán, la segunda luna más grande del sistema solar, ha sido durante mucho tiempo un objeto de fascinación por sus similitudes con la Tierra primitiva, incluyendo un ciclo hidrológico activo basado en metano. Durante años, la comunidad científica sostuvo la hipótesis de que bajo su gruesa capa de hielo existía un vasto océano de agua líquida, lo que alimentaba la especulación sobre la posible existencia de vida microbiana. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Nature, basado en una revisión de datos recopilados por la sonda Cassini de la NASA en 2008, ha modificado drásticamente esta visión. La investigación, liderada por científicos del Jet Propulsion Laboratory (JPL), sugiere que el interior de Titán no es un océano completamente líquido, sino una sustancia viscosa.
El modelo actual propone capas de hielo semiderretido intercaladas con aguanieve y pequeñas bolsas de agua caliente, que podrían alcanzar los 20 grados Celsius, cerca de su núcleo rocoso. Estas conclusiones se derivaron del reanálisis de datos Doppler y barridos de radiofrecuencia. La evidencia clave para este nuevo modelo es un desfase de 15 horas observado entre la máxima atracción gravitatoria de Saturno y la deformación de la superficie de Titán. Este retraso indica que el interior de la luna se comporta como una sustancia espesa y fangosa, similar al hielo marino del Ártico, en lugar de un líquido de libre movimiento.
Si existiera un océano global, la deformación sería casi inmediata.
Este escenario, según investigadores como Baptiste Journaux de la Universidad de Washington, podría ser favorable para la vida. Las pequeñas bolsas de agua tibia concentrarían nutrientes en volúmenes reducidos, facilitando la aparición de organismos simples.
Aunque algunos científicos como Luciano Iess, quien previamente defendió la teoría del océano, no están completamente convencidos, estos hallazgos refuerzan el interés en Titán.
La próxima misión Dragonfly de la NASA, programada para lanzarse en 2028, utilizará esta información para explorar la luna y buscar respuestas definitivas sobre su estructura interna y el potencial para la vida extraterrestre.














