
OpiniónLa economía mexicana llega a 2026 con un crecimiento moderado, insuficiente para resolver los problemas estructurales del país, y con efectos diferenciados en los estados. De acuerdo con proyecciones oficiales del Gobierno Federal, el Producto Interno Bruto (PIB) de México crecerá entre 1.8% y 2.3% durante 2026, una cifra positiva, pero baja si se considera que el país requiere crecer al menos por arriba del 3% anual para generar empleo formal suficiente y mejorar el nivel de vida de la población. Los datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirman esta desaceleración. Durante 2025, la economía mostró señales de estancamiento, con trimestres de crecimiento marginal e incluso contracciones, lo que refleja una recuperación frágil. Aunque la inflación se ha mantenido relativamente controlada —en torno al 3%—, el principal problema sigue siendo el bajo dinamismo productivo y la elevada informalidad laboral, que afecta a más del 50% de la población ocupada en el país. Este escenario nacional tiene repercusiones directas en las economías estatales, particularmente en aquellas con menor diversificación productiva, como el estado de Morelos. Según cifras oficiales del INEGI, el PIB de Morelos alcanzó aproximadamente 337 mil millones de pesos en su última medición anual disponible. Sin embargo, su crecimiento económico ha sido persistentemente bajo. Mientras el país ha logrado crecer en pro medio cerca del 2% en los últimos años, Morelos apenas ha registrado tasas cercanas del 0.4% al 0.6%, lo que lo coloca entre las entidades con menor dinamismo económico. La estructura productiva del estado explica en parte este rezago. Morelos depende en gran medida del sector servicios y del comercio, actividades altamente sensibles a la caída del consumo. El sector industrial, aunque no dominante, ha sido históricamente un motor importante, especialmente en la zona industrial de CIVAC, en el municipio de Jiutepec. En este contexto de bajo crecimiento, cualquier choque económico tiene efectos amplifica dos, y eso es exactamente lo que ocurre con el cierre de una de las plantas industriales más importantes del estado. Uno de los hechos económicos más relevantes para Morelos rumbo a 2026 es el cierre definitivo de la planta Nissan en CIVAC, anunciado como parte de una reestructuración global de la empresa. Esta planta operó durante casi seis décadas y fue un pilar de la industria manufacturera en la entidad. De acuerdo con cifras difundidas por autoridades y análisis económicos, el cierre implica la pérdida de alrededor de 2,500 empleos directos, pero el impacto real va mucho más allá. Por cada empleo directo en la industria automotriz, se estima que se generan entre 1.5 y 2 empleos indirectos, lo que significa que más de 4,000 personas adicionales podrían verse afectadas en actividades como transporte, comercio, mantenimiento, pro veeduría, alimentos y servicios diversos. Además, existe un impacto poco visibilizado: cientos de familias que dependen de la economía informal alrededor del parque industrial en reciclaje de residuos, venta ambulante y servicios no registrados, también pierden su principal fuente de ingresos. Esto amplía significativamente el número real de personas afectadas por el cierre. La pérdida de miles de empleos reduce la masa salarial que circula en la economía local, lo que impacta directamente al comercio y a los servicios. Menos ingresos significan menor consumo, menor recaudación local y mayor presión sobre programas sociales. En un estado donde el crecimiento ya es bajo, este choque industrial aumenta el riesgo de: Mayor informalidad laboral. Incremento del desempleo juvenil. Migración interna hacia otras entidades. Mayor vulnerabilidad social en zonas urbanas e industriales. Todo esto ocurre en un contexto nacional, donde el crecimiento económico no es lo suficientemente fuerte como para absorber a los trabajadores desplazados. En cuanto a las perspectivas para 2026, las autoridades estatales han anunciado esfuerzos para atraer nuevas inversiones y fortalecer sectores como el turismo, los servicios y algunas actividades industriales ligeras. Sin embargo, los propios datos oficiales muestran que estos procesos son lentos y no compensan de inmediato la pérdida de una empresa ancla como Nissan. Así, mientras México enfrenta en 2026 un crecimiento económico limitado, Morelos lo hace desde una posición frágil. La combinación de bajo crecimiento estructural y la pérdida de su principal motor industrial colocan al estado ante uno de los retos económicos más importantes de los últimos años. La economía mexicana en 2026 avanza, pero lo hace con debilidad. Para estados como Morelos, este crecimiento insuficiente no sólo limita el desarrollo, sino que agrava problemas existentes. El cierre de la planta Nissan no es un hecho aislado, sino un síntoma de una economía estatal vulnerable, altamente dependiente y con poca capacidad de absorción ante choques externos. De ahí la importancia que la Secretaria de Desarrollo Económico le está dando a su estrategia, ya que si no se logra una estrategia integral de reactivación productiva, Morelos corre el riesgo de entrar en un periodo prolongado de estancamiento económico, con consecuencias sociales profundas que se reflejarán más allá de las cifras macroeconómicas. ¿No cree usted? vivencias ciudadanas










































































