El falso glamour de las ‘tradwives’: Supuestas esposas perfectas arrasan en TikTok mientras millones trabajan sin salario en México
EDICIÓN ESPECIAL: Arrancamos el 2026 con siete crónicas escritas por autores menores de 30 años. La Generación Z revisa el México de nuestros días.DOMINGA.– Las redes sociales se han inundado de videos aparentemente inofensivos en los que mujeres glamurosas, bien vestidas y arregladas de manera impecable –las tradwiveso esposas tradicionales– dedican gran parte de su día, si no es que todo, a limpiar, cuidar y atender a sus maridos e hijos. Sin embargo, esta no es la historia que viven millones de mujeres en México.En TikTok, una mujer blanca de Estados Unidos sonríe mientras sirve la mesa: cubiertos relucientes, cocina de lujo, esposo satisfecho. Millones la celebran como una esposa tradicional: el modelo digital que revive la sumisión femenina con filtros y glamour. Al mismo tiempo, en México, María del Carmen Sánchez, ama de casa y madre de dos hijos, lava trastes agotada mientras su familia descansa en la sala.En el siglo XXI las redes sociales convierten eltrabajo domésticoen espectáculo aspiracional, mientras millones de mujeres mexicanas lo realizan sin sueldo, sin descanso y sin reconocimiento. Como ella misma comparte: “Dejamos nuestra vida por tener la vida de los demás en orden”.“Lonche para mi esposo a las 4:10 AM”. Esto lo dijo @lissethgutierrezca, una creadora de contenido y ama de casa mexicana, en un video con más de 48.8 millones de visitas. Al entrar a TikTok o Instagram, probablemente te encontraste con alguno de estos videos. Y muchas veces es imposible pasarlos por alto, forman parte de una tendencia que rebasa los 500 mil videos tan sólo en esta red social y a nivel global, utilizando hashtags como #tradwives y #amadecasa.Cómo ignorar la apariencia de lujo, los utensilios y electrodomésticos de alta gama, un estilo de vida que se lleva empaquetando, como el sueño americano desde los cincuenta. Cómo ignorar la idea de tener una vida estable en este siglo. “Mujeres que promueven un retorno a roles de género tradicionales, abrazando la sumisión patriarcal, dedicándose exclusivamente al hogar, mientras el marido es el proveedor”. Este es el fenómeno digital al que se le conoce como tradwives, según lo definió la etnógrafa, autora y catedrática estadounidense Kristen R. Ghodsee en una entrevista que se tituló “Lastradwivespresagian un colapso sistémico”.Para la doctora en Estudios Culturales y maestra en Estudios de Género Alejandra León Olvera, el tema tiene una implicación profunda: torna en aspiración este modelo de mujer blanca occidental como consecuencia de un sistema roto, en el que la juventud está en un momento de crisis identitaria y económica, con pocas certezas sobre la posibilidad de alcanzar estabilidad.La socióloga británica Angela McRobbie, en su libro Los usos de los estudios culturales(2005), habla de las “trampas del posfeminismo”, un mecanismo cultural que aparenta ofrecer libertad y elección a las mujeres mientras reinstala antiguas normas de género bajo el lenguaje del empoderamiento individual. Hoy, estas “trampas” no operan sólo en el plano teórico, también se vuelven visibles en cómo las redes sociales traducen viejas expectativas de género en contenidos aspiracionales.Y todo ello junto con la sumisión, empaquetado con filtros cálidos y música suave, se convierte en lifestyleen las redes sociales actuales. McRobbie analiza también la postura de la filósofa Judith Butler, quien sostiene que el género no es natural, sino algo repetido una y otra vez hasta que parece verdadero. Lo que en los años cincuenta fue un mandato impuesto: ser esposa sumisa, ama de casa y madre, hoy se presenta como una supuesta elección libre.La versión anglosaJona aparece como un espectáculo cuidadosamente producido: Una mujer blanca de clase media alta, es celebrada como símbolo de “feminidad auténtica”. McRobbie, más que una práctica de vida cotidiana, llamaría a este fenómeno una forma de hiperfeminidad mercantilizada: un performanceestético que se vende y consume en masa.Imagen contra realidad: las ‘tradwives’ en MéxicoLa historia cambia cuando la narrativa se produce desde México o América Latina. Como menciona Alejandra: “Lo que en el norte global se percibe como lifestyle, en el sur global se reduce a carga, rutina y deber”. Llama al fenómeno tradwivesun “blanqueamiento del rol doméstico”: la romantización sólo funciona cuando se muestra desde el privilegio blanco y occidental. En el caso mexicano, el mismo trabajo se invisibiliza, se devalúa e incluso se ridiculiza. La diferencia no está en la tarea de cocinar, limpiar y/o cuidar, sino en el contexto racial, económico y cultural que la envuelve. Tres amas de casa, cada una atravesada por un contexto económico y social distinto, comparten testimonios que evidencian su realidad y permiten ver la complejidad detrás del trabajo doméstico en México.María del Carmen, de 64 años, mujer mexicana de clase media alta, terminó la preparatoria y cursó hasta el séptimo semestre de la universidad antes de dejar sus estudios. Nora Silva, de 44, pertenece a una clase media trabajadora; concluyó la preparatoria y se dedicó al hogar, mientras que mantiene su emprendimiento. Y Karen Barrera, de 33, proveniente de un contexto de clase media baja, se unió en pareja a los 14 y desde entonces se ha dedicado a sus hijas completamente. María del Carmen relata cómo su rutina comienza desde temprano: “Ahora que mis hijos se fueron de casa, aunque la menor regresa cada fin de semana, me quedo sola y aun así siempre hay actividades que tengo que realizar”. Para ella mantener el hogar requiere disciplina constante: “Es un trabajo pesado de todos los días, no se sabe a qué hora se puede terminar”.Por otro lado, Nora revela la renuncia al autocuidado y cómo el tiempo propio desaparece cuando el trabajo de cuidar y sostener a los demás no se reparte: “Hay días en que me gustaría hacer ejercicio pero tengo que lavar o hacer de comer. Cuando somos amas de casa es difícil porque tenemos una familia e hijos que sacar adelante”. A partir de estas declaraciones, es notable que la imagen idealizada de la ama de casa, oculta una realidad: es agotadora y poco reconocida.“Hay muchísimos momentos en los que me siento invisible y es cuando no se dan cuenta que todo esto se echa a andar por una sola persona”. Karen hace una reflexión en cuanto a la preocupación de no dejar ningún legado por todo el sacrificio que hace diario como ama de casa: sosteniendo una familia perfecta, una casa impecable, niños contentos y comida servida a tiempo. Cuando se le pregunta a María del Carmen cuánto valdría su trabajo en el mercado laboral, responde: “Si empezamos desde que mis hijos eran chiquitos: fui nana, cocinera, chofer, doctora, persona de limpieza y mamá de tiempo completo, así que poder decirte exactamente cuánto merezco ganar sería una cantidad absurdamente grande”.Y sin embargo, se mueve el ama de casa mexicanaA pesar de la carga, las tres entrevistadas coinciden en algo: que el amor por el hogar persiste. Lo bonito y lo feo conviven, y así se muestra una ambivalencia que caracteriza la vida de quienes sostienen la estructura familiar desde el trabajo cotidiano, tal y como lo hace una ama de casa todos los días.Esta situación tiene diferentes perspectivas: la carga emocional, porque nadie escucha qué tan agotadas están; la carga económica, porque no hay salarios ni prestaciones; y la carga cultural, porque su labor no se reconoce como trabajo. “Ser ama de casa, criar una familia, ser profesionista es algo satisfactorio, pero es una chinga terrible, es un agobio, es estrés, es alegría, son tristezas, y a todo eso te vas a tener que enfrentar, en mi caso, sola”, confiesa María del Carmen.El Censo de Población y Vivienda 2020 muestra que en México hay más de 35 millones de hogares, de los cuales cerca del 30% son encabezados por mujeres, lo que se puede considerar un indicador del número de hogares que tradicionalmente son administrados por amas de casa.De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi, 2024), el trabajo doméstico representa el 23.9% del PIB nacional. Esta cifra histórica, incrementada tras la pandemia de covid-19, evidencia la magnitud de una labor que, aunque indispensable, sigue sin recibir compensación económica.La Secretaría de las Mujeres del Gobierno de la Ciudad de México (2023) refuerza esta realidad: las mujeres realizan aproximadamente 2.7 veces más trabajo no remunerado que los hombres, dedicando en promedio 30.8 horas a la semana a la realización de estas actividades, mientras que los hombres, 11.6 horas.Estos datos revelan una desigualdad estructural: mientras el sistema económico se beneficia del trabajo que ocurre dentro de los hogares, quienes continúan enfrentando el doble desafío de sostener a sus familias y equilibrar sus propias aspiraciones personales son las amas de casa.La realidad es clara: el trabajo doméstico no remunerado sostiene la economía pero sigue siendo invisible. Ocho de cada 10 hogares en México dependen de estas labores, sin embargo, las amas de casa enfrentan la paradoja de ser esenciales y al mismo tiempo invisibles para el sistema económico.El aumento histórico en el valor de este trabajo, señalado por el Inegi, y la brecha de género documentada por la Secretaría de las Mujeres (2023), evidencian que la desigualdad no es sólo una cuestión de percepciones, sino de cifras. La sobrecarga recae en millones de mujeres que además de trabajar, educar, cocinar y cuidar, sostienen en silencio la estructura misma del país.Herencias, renuncias y resistenciaEl trabajo doméstico es un fenómeno generacional. Según los doctores Sabrina Alejandra Ferraris y Mario Martínez Salgado, en su libro La Odisea de las generaciones en México: de las historias de vida a los territorios(2023), la división sexual del trabajo no es una elección individual, sino una estructura socialmente impuesta y reproducida a través de generaciones. Muchas mujeres transitan por carreras laborales irregulares (entre lo formal, lo informal y el trabajo doméstico no remunerado), lo cual refuerza que el rol de ama de casa se hereda y se naturaliza como parte del ciclo de vida femenino. Esto lleva a un aprendizaje de manera inconsciente desde que son niñas; normalizan el que su mamá, su tía o su abuela se encarguen de las labores domésticas sin ningún tipo de ayuda masculina, como si este trabajo se les diera naturalmente sólo a ellas. Asimismo, la profesora de cátedra, colaboradora de la Secretaría de Cultura de Morelos y locutora de radio especialista en feminismo Xóchitl Virto, añade: “Se dice que es una condición con la que se nace por ser mujer, la cual es poco cuestionada”. Muchas crecen con la idea internalizada de encargarse de su hogar el día que tengan una familia; sin embargo, ¿qué sucede cuando ese día llega antes de lo esperado? Karen se encarga de su familia desde que descubrió que estaba embarazada a los 14 años. A partir de ahí se ha asegurado de mantener su hogar a flote junto con su esposo. No obstante, a pesar de amar a su familia y sentir satisfacción al saber que sus hijas se encuentran sanas, ella deja claro que el trabajo en el hogar es profundamente demandante: “Es muy desgastante no sólo mantener el orden y la limpieza, sino también la maternidad. En sí esta es frustrante, es dolor, es estar atada a un ser que tienes que cuidar y mantener vivo a como dé lugar”.Como ella, miles de mujeres cuentan historias de aprendizaje forzado, renuncias a metas personales y resistencias silenciosas. “Mamá tiene el compromiso de cuidar la casa y papá de proveer, porque viene de la cultura”, dice Karen. “Somos nosotras las encargadas de echar a andar la casa y queramos o no, pues tenemos ese poder”. María del Carmen, por su parte, comparte: “Es mi obligación lavar los trastes mientras todos ven la tele. A veces enfurezco y me encierro en mí misma”.La situación no sólo tiene raíces culturales, también hay económicas. Hoy, la mayoría de las amas de casa en México realiza su trabajo sin salario y sin acceso a seguridad social. En un país donde millones de mujeres sostienen los hogares, son ellas quienes llegan a la vejez sin pensión, sin estabilidad y sin respaldo del Estado. “Si alguien se metiera en mi cabeza y en mis emociones, se daría cuenta de lo agotador que es todos los días levantarse y pensar cómo voy a hacer para mantenerme económicamente antes de que ya no tenga la capacidad” cuenta María del Carmen. El que no existan políticas públicas que valoren y remuneren el trabajo doméstico refuerza la idea de que es natural y no un trabajo con impacto económico y social. El sistema que hay detrás En México, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado sostiene la vida diaria del país, aunque permanezca fuera del salario y del reconocimiento público. Según datos del Inegi (2024), una mujer aporta en promedio 82 mil 339 pesos anuales en labores domésticas y de cuidados, tareas indispensables para que los hogares se mantengan en funcionamiento. Mientras tanto, su versión digital lo maquilla como una elección libre, ordenada y placentera, que no requiere de tanto esfuerzo y que poco se parece a la carga real que enfrentan millones de mujeres mexicanas.Pero esa distancia entre la realidad y su versión estilizada no ocurre por casualidad. La narrativa tradwifeno sólo idealiza el trabajo doméstico: también circula y se multiplica dentro de un ecosistema digital que favorece ciertos mensajes sobre otros. Ahí es donde empiezan a entrar factores culturales, ideológicos y algorítmicos que explican por qué este modelo se vuelve tan visible.Para la doctora Alejandra León, el fenómeno de las tradwivesno surge de manera aislada: responde a discursos conservadores provenientes del norte global y que están ganando presencia en distintos espacios digitales alrededor del mundo. Pero aclara que no es un movimiento que crezca sólo por afinidad ideológica, sino también por diseño algorítmico. “Es un contenido que polariza, es un contenido que va a hacer que genere interacción y no solamente le va a salir a las personas que quieren ser tradwives; les va a salir hasta a las feministas más radicales, porque es un contenido que tú te vas a quedar más de tres segundos viendo el video”. La mezcla entre estética tradicionalista y lógica algorítmica amplifica una narrativa que, sin proponérselo, termina reforzando valores conservadores en un ecosistema digital que premia la polémica.A la sociedad se presentan dos discursos totalmente diferentes en donde uno de ellos sigue invisibilizando una problemática real y preocupante en el país, por ello buscar representaciones fieles y conscientes es relevante en este momento de crisis identitaria además de cambios constantes en las dinámicas sociales.Ella canaliza la maternidad… y factura @fermamadetr3s, quien cuenta con más de 45 mil seguidores en TikTok y más de 30 mil en Instagram, a diferencia de las tradwivesque en redes sociales presumen sus rutinas del hogar poco reales, encontró en la creación de contenido una manera de no sentirse sola, compartiendo su caos cotidiano con humor. “Antes de la M de mamá, la M de mujer”, afirma María Fernanda Quiroz Díaz de manera contundente. Desde hace cinco años, tras dejar su empleo formal para enfocarse de lleno a la crianza y los cuidados del hogar, Fer ha construido una comunidad digital centrada en la maternidad sin filtro: “No se reconoce lo que hacemos las amas de casa, a través de mis redes sociales yo quiero marcar un poco de empatía con mi humor, quise abrir ese espacio para todas esas mamás que estamos pasando por esto”. Su contenido está dignificando el trabajo no remunerado a partir de la empatía, creando una red de apoyo para todas las mujeres que se sienten invisibles.“Dentro de la lógica de las tradwivesno nos está vendiendo una red de apoyo, nos está vendiendo un modelo aspiracional; más allá de la estética y el adoctrinamiento que existe en el norte, en el sur global hay una cuestión de pedir consejos y generar redes de apoyo” explica Alejandra León.Esto se ve reflejado también en los comentarios que Fer recibe en su videos: “Justo en el momento indicado, cuando estoy por tirar la toalla. Gracias, es lo que necesitaba escuchar. Nadie valora lo que estamos haciendo por nuestros seres amados. Así nos sentimos muchas. Un abrazo a todas las mamis”. Y esto, sin contar aquellos mensajes que le llegan por privado. “Se siente muy bonito que la gente te escriba y te diga: Fer me has ayudado, muchas gracias por tus tips, tus consejos y recomendaciones”, comenta la creadora de contenido, con una sonrisa inmensa.Pero ser auténtico en internet también tiene su costo. Comentarios en sus videos tales como: “Hay mujeres que ya no valen para nada. Las mantenidas ya no tienen vergüenza. ¿Eso es lo único que haces en el día?”, “qué flojera ser como tú”; minimizan su trabajo e incluso le han llegado a afectar en la percepción que tiene de su labor en el hogar.Ante esto, vale la pena preguntarse: ¿qué modelo de mujer se celebra en redes sociales?, ¿a quién le das like?. “¿Quieres una mamá, quieres una novia o quieres una trabajadora doméstica?” lanza Alejandra León. “¿Por qué sí celebras a la tradwifeblanca, pero cuando lo mismo lo hace una compañera no se lo aludes de la misma manera?”.La diferencia, dice, no es sólo estética, es de clase: “Te puedo afirmar que muchas de las tradwivessí tienen trabajadoras del hogar que están haciendo otras actividades para que ellas puedan grabar su video. Al final, la que tiene más visualizaciones es exactamente quien se ve que le metió inversión”.Esa inversión de tiempo, dinero, espacio y producción, no siempre está al alcance de todas. Y en esa diferencia se revela una de las principales brechas del fenómeno: no es lo mismo mostrar la vida doméstica desde la comodidad que desde la necesidad.Por eso, lo que hacen mujeres como Fer, y otras creadoras que apuestan por la visibilización, como @nicolasa_arreola, @luceromendoza193 o @ceciliajvalencia por decir algunas, importa tanto. Están construyendo una red de acompañamiento y validación que, aunque informal, es profundamente transformadora.Ese es el poder de las redes cuando se usan con conciencia. Como propone la académica Kristen Ghodsee: “La alternativa real y progresista implica construir comunidades, conciencia política y apoyo mutuo para transformar colectivamente las condiciones sociales, no una vuelta a un pasado patriarcal”.El trabajo doméstico sostiene el país: hogares, economías y generaciones. No es aspiración, es realidad. Reconocerlo no es un gesto de gratitud: es una deuda pendiente con millones de mujeres.*Colectivo Los verdes: Joshua Antúnez Flores, Paloma Sofía Ramírez Ramírez, María del Carmen Gómez Gamper Sánchez, Alejandra Oropeza Casillas, Sashy Miranda Escamilla Chávez.Crónica realizada por alumnos de la carrera de Comunicación en el Tec de Monterrey, campus Ciudad de México. Materia: Periodismo Convergente. Profesora: Mariela Gómez Roquero. Fact checking: JRH