
Fátima Bosch se mantiene firme en la legitimidad de su triunfo, negando las acusaciones de fraude y difamación mientras continúa con su agenda como Miss Universo. Su estrategia se ha centrado en defender su honor y el de su familia, a la vez que enfrenta un escrutinio legal en Tailandia y una crisis de credibilidad que afecta a la organización del certamen a nivel global.











