
La gestión de la crisis de Fátima Bosch se ha centrado en una estrategia de evasión de las controversias que manchan su coronación, mientras busca activamente proyectar una imagen positiva a través de sus labores altruistas. Al negarse a abordar las acusaciones de fraude y los problemas legales de los dueños del certamen, deja sin respuesta los cuestionamientos sobre la legitimidad de su título, apostando a que sus acciones caritativas definan su reinado.











