
La crisis de Tylor Chase ha puesto de manifiesto las dificultades del sistema para tratar casos complejos de salud mental y adicción. La respuesta de su familia y amigos ha sido una mezcla de intervenciones directas y llamados públicos, enfrentándose a la negativa del actor y a barreras legales, lo que refleja una lucha continua y sin una solución clara a la vista.










