
La administración Trump ha llevado la confrontación con Venezuela a un punto crítico, combinando una agresiva campaña militar marítima con la amenaza inminente de una incursión terrestre y un bloqueo aéreo. A pesar de un breve contacto diplomático que resultó infructuoso, la estrategia de máxima presión continúa, generando una fuerte condena regional y oposición política interna en Estados Unidos.












