6 expresiones del patrimonio cultural son resguardadas por ancianos y ancianas de Puebla
Cocina tradicional, partería, danza de la región totonaca, un juego prehispánico, hojalatería artesanal y bordados que con sus hilos tejen la historia y la identidad de una comunidad, son algunas de las expresiones culturales que llevan consigo un grupo de ancianos y ancianas de Puebla, mismos que fueron reconocidos este año como Tesoros Humanos Vivos. Gabriel Méndez Castañeda, Esther Muñoz Osorio, Miguel López Juárez, María Juana Gayetana Coyoti Cuautli, Juan Gabriel Eliosa Cañete y Juana Leonor Victoriano son los hombres y mujeres que este 2025 fueron seleccionados como parte de esta convocatoria emitida por la Secretaría de Arte y Cultura, que reconoce a personas que representan valores patrimoniales materiales e inmateriales que cultivan, a la par que son portadores de un conocimiento comunitario que también transmiten Por medio del programa de Arte y cultura patrimonio vivo que se transmite por Sicom, pudieron conocerse a los merecedores de esta convocatoria que cuenta con el apoyo del Programa de Apoyos a la Cultura vertiente Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura 2025, de la Secretaría de Cultura federal, y que entrega 60 mil pesos a cada una de las personas reconocidas. Esther Muñoz Osorio es una partera oriunda del municipio Nicolás Bravo, cuya labor comenzó de joven, prestando servicios básicos y haciendo tés para los males que la gente le contaba. “Cuando viene la paciente, tiene vomito, dolor de cabeza, estas embarazada le digo”, cuenta la partera tradicional, a quien conocen como “la tía Esther” porque a todos los niños de su comunidad, “les cortó el ombligo”. Doña Esther, destaca, no sólo atiende el parto, sino que ayuda y da consejos a las mamás primerizas para que aprendan sobre el cuidado de sus bebés, a la par de que cura “empachos, dolor de garganta y fiebre con tecitos”. Gabriel Méndez Castañeda, es un danzante originario de Caxhuacan y hablante del totonaco, cuya historia comenzó a los 25 años, gracias al maestro José Ramírez, cuando se dedicó por completo a ejecutar la ceremonial ritual Danza de los voladores. “Se siente bien recibir el reconocimiento, sé toda la historia de la danza del volador, son 52 años de ser volador”, apunta. La última vez que se bailó dicha danza fue “cuando subieron el reloj y de ahí desapareció”, por lo que ahora que se ha recuperado, y se debe enseñar a los jóvenes y a los niños la música, los sones y la danza, sobre todo el subir al palo volador “para pedir que no haya guerra, pedimos para el mundo entero, todo el vuelo, el rito bailamos y todo se pide. Lo que él sabe no todos lo sabemos, sabe muchas cosas, no queremos que se pierda la tradición, si no hay danza no hay nada, lo que hace la fiesta es la danza”, como dice uno de sus compañeros danzantes. Juan Gabriel Eliosa, es un artesano del municipio de Atlixco que se dedica a la hojalatería tradicional hecha con latón y acero inoxidable, cuyo oficio lo aprendió de su bisabuelo cuando éste tenía 80 años y hasta que falleció a sus 110 años de edad. “Me enseñó muy bien más lo que he aprendido en la vida. Son 58 años dedicado al oficio y 62 años en el taller. Pido que no se termine, que siga el oficio, yo estoy a disposición de que alguien lo quiera aprender”. En su comunidad, se reconoce su trabajo pues éste ha ayudado a preservar las tradiciones, como la danza de los moros, las fiestas patronales, el trabajo que hace en las iglesias y distintas festividades de la comunidad. “Las piezas inician con el trazado, el corte y el labrado, luego el soldado con estaño que es la esencia de la hojalatería. Los pueblos han sido mis clientes, y el que sabe de artesanía sabe que una pieza no es como otra”. María Juana Cóyotl, acompañada por su hija Alejandra, es una bordadora de San Andrés Cholula que ha recuperado el bordado tradicional, en su natal San Antonio Cacalotepec. “Lo agarré y empecé a bordar, me gusta bordar estas los mantelitos, el pepenado, se plisa la tela y se va haciendo el bordado”, dice la anciana galardonada. Su hija Alejandra, quien aprendió cuando tenía 35 años, sabe que este ejercicio artesanal viene de sus antepasados, por lo que es necesario recuperarlo y portar las prendas de manera orgullosa. “Es un bordado que se usó hace muchos años y que se retomó, y ella es la única que queda, de hecho, si ella no lo hubiera retomado ya se hubiera perdido, pues casi nadie lo hace”, dice y toma un muestrario de los bordados que por lo menos tienen 100 años, en el que aparecen venados, uvas, flores, una cigüeña y el cacalotl, un pájaro que da el nombre al cerro de su pueblo. Miguel López Juárez conserva la práctica del juego prehispánico llamado Tsum, que se practica en Tuxtla. Desde el totonaco, su lengua materna, cuenta que le da gusto recibir este reconocimiento. Recuerda que dedicado al trabajo de campo, aprendió desde sus 10 años ha jugar este juego, pues le llamó la atención como jugaban los abuelos de la comunidad. La leyenda, cuenta, dice que este juego nació en el cerro del Campanario, pues “había dinero que cuidaba un viejito que no era de esta época, que era un ente imaginario”. El juego prehispánico Tsum, consistente en una tabla que presume unas hileras de recuadros que son el camino que se debe recorrer para llegar a la meta, gracias al puntaje que dan cuatro pequeñas tablitas con otros dibujos, se practica solamente en Tuxtla pues aunque se juegue en comunidades cercanas “no sabe jugar igual sino con una dinámica diferente”, por lo que es importante que los niños lo aprendan, para que no se pierda. Acompañada de sus compañeras Susana y Elvira, la cocinera tradicional Juana Leonor Victoriano, fue reconocida por conservar el colexo, un platillo que aprendió de sus abuelos y padres, en su natal San Sebastián Zinacatepec. Dicha receta, refiere, lleva carne de cordero, cebolla, ajo, harina, un manojo de hierbabuena, azafrán y la col, que es la que le da el nombre de colexo y a doña Juana el sobrenombre de colexera. “Es un platillo con música, con historia, que las colexeras preparan y lo hacen mucho gusto bailando el jarabe colexero para que le den buen augurio al matrimonio y los niños nazcan sanos”, cuentan la tradición. “Me alquilan para casamientos, 15 años, por alguna cosa. Voy y me ven como lo hago”, refiere la cocinera tradicional, quien conserva y comparte este platillo endémico de la región, que representa la identidad del municipio de San Sebastián Zinacatepec y es parte del legado de los ancestros, que ha pasado de las abuelas a las madres y a las hijas, es decir, de generación en generación. Destaca que la convocatoria Tesoros Humanos Vivos tuvo su primera edición en 2020, continuó en 2021 y 2023, y con ella se ha buscado visibilizar la importancia del patrimonio cultural inmaterial. En 2023 y 2024, por ejemplo, se reconocieron a 11 ancianos portadores de conocimientos y tradiciones oriundos de Acatzingo, Atlixco, Huaquechula, Ajalpan Hueyapan, San Andrés Cholula, San Gabriel Chilac, Tochimilco y Tepexi de Rodríguez, entregando más de un millón de pesos La entrada 6 expresiones del patrimonio cultural son resguardadas por ancianos y ancianas de Puebla aparece primero en La Jornada de Oriente.