
La moneda mexicana se fortaleció significativamente, cotizando por debajo del nivel psicológico de 18.30 por dólar, impulsada principalmente por la debilidad del dólar ante las expectativas de una política monetaria más laxa por parte de la Fed.
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La moneda mexicana se fortaleció significativamente, cotizando por debajo del nivel psicológico de 18.30 por dólar, impulsada principalmente por la debilidad del dólar ante las expectativas de una política monetaria más laxa por parte de la Fed.

La BMV cerró en terreno negativo, arrastrada por el mal desempeño de empresas líderes como América Móvil, desmarcándose de la tendencia alcista de Wall Street y entrando en una fase de consolidación por debajo de los 64,000 puntos.

El desempeño positivo de Wall Street fue una respuesta directa a las crecientes expectativas de recortes de tasas por parte de la Fed, sentimiento que se vio acentuado por la posible nominación de un nuevo presidente del banco central con una postura más acomodaticia.

El Bitcoin mostró una volatilidad extrema, pasando de una fuerte caída por noticias corporativas negativas a un rebote significativo impulsado por la entrada de capital en ETFs, reflejando la naturaleza especulativa y la rápida reacción del mercado cripto a diferentes estímulos.

Las tensiones geopolíticas derivadas del conflicto en Ucrania, y en particular el fracaso de las conversaciones diplomáticas entre Rusia y Estados Unidos, fueron el principal motor del alza en los precios del petróleo, superando temporalmente las preocupaciones sobre el aumento de inventarios en EE.
UU.

La divisa estadounidense se debilitó a nivel global ante la firme expectativa de que la Reserva Federal adoptará una postura más acomodaticia, lo que provocó una revalorización de monedas emergentes como el peso mexicano y un impulso para los activos de riesgo.

Mientras el peso mexicano mostraba fortaleza, los datos fundamentales de la economía de México pintaban un cuadro de estancamiento, con caídas en la inversión y el PIB, y crecientes preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal y el aumento de la deuda pública.

La anticipación de una política monetaria más laxa por parte de la Reserva Federal fue el principal motor de los mercados financieros, provocando una depreciación del dólar, un repunte en las bolsas y una reconfiguración de las carteras de inversión a nivel mundial.