
La orden de bloqueo naval, la designación de Venezuela como organización terrorista y la explícita ambición sobre sus recursos petroleros han llevado la relación bilateral a su punto más bajo. Aunque la amenaza de una guerra abierta no se materializó en el discurso presidencial, el masivo despliegue militar y las acciones de presión económica mantienen un clima de máxima tensión en el Caribe.











