
La reactivación de la Doctrina Monroe formaliza una política exterior intervencionista y nacionalista de la administración Trump para América Latina. La estrategia busca consolidar la hegemonía estadounidense, contrarrestar a China y alinear a los países de la región a sus intereses mediante incentivos y presión, centrando sus exigencias en el control migratorio y la lucha contra el narcotráfico.













