
La adopción del plan de Trump por parte de la ONU marca un hito diplomático significativo, estableciendo un marco para la posguerra en Gaza. Sin embargo, su viabilidad enfrenta enormes desafíos, incluyendo el rechazo categórico de Hamás, el escepticismo de potencias como Rusia y China, y la complejidad de implementar una gobernanza tutelada internacionalmente en un territorio devastado por el conflicto.










