
La relación de seguridad entre México y Estados Unidos se caracteriza por una pragmática cooperación operativa, elogiada por el Departamento de Estado, que contrasta con la continua presión política y las amenazas de la Casa Blanca. Esto obliga a la administración de Sheinbaum a navegar una diplomacia compleja para defender la soberanía nacional sin fracturar una colaboración estratégica indispensable.











