
El paro nacional evidenció una profunda crisis de inseguridad que afecta a los sectores transportista y agrícola, quienes recurrieron a bloqueos masivos para exigir acciones concretas del Gobierno Federal.
La respuesta gubernamental, que apuntó a un diálogo existente y posibles motivaciones políticas, contrastó con la urgencia y el hartazgo expresado por los manifestantes, dejando el conflicto en un punto muerto a la espera de soluciones reales.










