
El gobierno celebra el aumento en la capacidad de refinación de Pemex como un logro de soberanía energética, alcanzando una producción superior al millón de barriles diarios. No obstante, la empresa enfrenta severos desafíos financieros, con costos de producción superiores a los de importación y una deuda considerable, lo que pone en perspectiva sus avances operativos.











